15

Nov

Consejos per conservar los embutidos frescos

Conservar los embutidos frescos

Los embutidos forman parte de nuestro día a día y los tenemos presentes en muchas de nuestras comidas porque que son una opción fácil de preparar y combinan perfectamente con cualquier plato de nuestra cocina.

Es importante saber que tanto embutidos cocidos como curados necesitan una conservación específica que en muchos casos implica guardarlos en el frigorífico o en lugares frescos de nuestra casa. La conservación de los embutidos es un aspecto a tener en cuenta durante todo el año, a pesar de que habitualmente durante los meses de frío es más fácil gestionar que no durante los meses de verano. Intentamos ver en este artículo consejos y recomendaciones para poder conservar el embutido fresco y con su gusto natural.

 

 

Embutidos frescos y cocidos como las butifarras blancas y negras, el jamón dulce o la catalana necesitan conservarse en la nevera entre los 3 y los 6 grados en el mismo papel parafinado con que nos lo envuelven en la charcutería. Si es inferior, los alimentos pueden congelarse parcialmente y si es superior empieza el crecimiento bacteriano. En caso de comprobar que nuestro frigorífico no tiene suficiente frío, podemos abrir un poco el papel para dejar que pase el aire por los lados. Entonces, el embutido se mantendrá seco y no hará mal olor. Es recomendable tener los embutidos en la nevera como máximo de 3 a 4 días en la nevera y no comérnoslos si consideramos que no están suficientemente frescos.

 

En el caso de los embutidos curados, como puede ser la longaniza, el fuet, el chorizo, la secallona o el jamón serrano es recomendable tenerlos fuera del frigorífico; en un lugar fresco, ventilado, y si es posible oscuro, evitando que la luz solar incida sobre las piezas de manera directa. Este tipo de embutidos si los cortamos en lonchas, tienen tendencia a que se les suba la sal, y por tanto se vuelven más fuertes y salobres, y pierden su gusto y textura original. También es muy aconsejable tenerlos colgados boca abajo y evitando siempre que las piezas se toquen entre ellas. En verano, y en lugares más calurosos, si no tenemos más opciones que guardar los embutidos curados en el frigorífico es recomendable colocarlos sobre un trapo de algodón mojado en agua y bien escurrido.

 

Llegados a este punto probablemente os estaréis planteando que hacemos una vez el embutido curado ya ha sido abierto. En estos casos debemos colgarlos colocando la parte del corte mirando abajo y bien tapado para no tener contacto con el aire. Se recomienda untar la zona del corte con un poco de aceite de oliva para que el embutido no se ponga rancio, y taparla con papel de film transparente.

 

A veces para facilitar nuestro consumo compramos el embutido cortado en lonchas o envasado al vacío. Para poder conservar este embutido cortado en lonchas o rodajas podemos colocar cada porción una sobre la otra, formando una torre que después envolveremos en papel film transparente y guardaremos en el frigorífico. Si las queremos consumir, las sacamos con tiempo de la nevera y las colocamos en un plato para que las rodajas se vayan adaptando a la temperatura ambiente.

También puede ser habitual congelar el embutido envasado y lo vamos sacando después con antelación suficiente antes de consumirlo. No obstante en el caso de los embutidos curados se recomienda no congelarlos.

 

Como último consejo, recordad siempre de colocar los embutidos, juntamente con la leche y los derivados lácticos, en las estanterías centrales y superiores, donde la temperatura varia entre 4 y 8 grados centígrados.